Ellos buscan el momento,
cuando sólo,
la única voz es la del corazón,
las únicas palabras son las no registradas,
por la espuma orillera de la playa.
El momento,
cuando se es mirado por un cometa,
y contemplado por un espectáculo de estrellas.
Y llegará el esperado instante,
y el espacio,
en el centro de los astros,
donde el único suspiro,
será el del alma,
donde los pocos cómplices,
fueron el no tener testigos,
donde la situación más placentera,
será el tener el alma de rodillas,
sin importar la posición del cuerpo.
Y mientras esperan esa posición en el minutero,
el único sonido,
será el de las palabras no dichas por el viento.
¡Atrevido y astuto viento!
que traes lo olvidado sin pedir permiso,
que volteas intrépido las páginas de un libro,
libro abandonado en una mesa iluminada,
con una cubierta pintada,
de un suave polvo gris,
que eres vigilante celoso,
de tus parejas enamoradas,
caminas detrás de ellas sin decir nada,
y como un cachorrito juguetón,
juegas alrededor de sus pies.
Invéntense un mundo,
en la mitad del universo,
en una esquina de la eternidad,
donde tu vivas en sus cabellos,
y como un niño artista juguetón,
juegues entre sus trenzas.
¡Si siempre fueras un niño artista!
tan artífice y soñador,
quien la pinta de día y de noche.
Y en el atardecer,
no deja huir ni un detalle.
Quien en perdidas horas,
ella sentada en una mesa,
el chiquillo le recoge sus sonrisas,
bellas sonrisas que caen al suelo.
¡Un niño como él!
que desvela sus horas oscuras en el amanecer,
quien en tan sólo cinco minutos,
mientras miraba el atardecer,
pudo ver,
cómo el cielo se robaba el sol,
y cómo las aves se llevaban sus rayos.
Caminen lejos,
uno después del otro,
sin nada de qué preocuparse,
que su única sed sea la de amarse.
Tomados hasta del alma,
alucinen el uno del otro,
beban de sus aromas,
y respiren de sus sabores.
¡Vé!,
acompáñalo a recorrer esas veredas,
valles dorados de tus extensiones lisas,
déjalo dormir en el campo y en tus labios.
¡No tengan miedo!
pues ya están unidos para siempre,
para siempre tenerte y tenerse.
Que sus fauces se duerman en tus cabellos,
y una imagen de tu piel quede en ellos.
Diseñen un mundo,
donde la locura,
se enamore de la razón,
y el único cómplice,
sea el no tener testigos.

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