domingo, 19 de junio de 2011

Abalorio


Fue un adorno,
En medio de dos cuadros,
Llenos de polvo,
Encima de una chimenea,
En una noche de Noviembre,
Que parecía una estatua,
Inmóvil, sin vida, sin alma.
Fue en esa sala,
Donde ella,
Quieta y atenta,
Sentada en un mueble,
En frente de la chimenea,
Buscaba el valor del adorno,
Y finalmente,
Aberrante y decidida,
Se dio cuenta,
Que ése adorno,
¡Desgraciado adorno!
No era más que un abalorio.

Regret

....







Tal vez debiste esperar,
A que esta vez,
Y no después,
Ella fuera un manojo de besos no compartidos,
Compañías inmerecidas,
Sueños repetidos,
Rayuelas necesitadas,
Y tú,
Ansiedades egoístas,
Poemas hipotéticos,
Versos esporádicos,
Abrazos momentáneos,
Miradas desviadas,
Monedas oxidadas,
Besos enfermizos,
Sueños alterados,
Decisiones alternas…
(Tal vez no alcance la tinta)
(Ése tiempo fue un regret)
Y sobre todo,
Soledades que aún se escriben solas.

Debajo de ésas luces I

Inspirado en Les Miserables-Víctor Hugo
Idilio en la calle Plumet






Los astros  se redujeron en un solo ser,
El día se escondió detrás de una nube,
A sus pensamientos todo dilataba,
Las curiosas aves salían a su encuentro.
¡Era ella! ¡Era Cosette!
Sentada en la banca de su jardín,
Debajo de las hojas y ramas de unos árboles,
Que eran perforados por el brillo de la luna.
Estaba allí, sola,
Sentada en la noche,
Vestida de largo y acampanada,
Ella y el silencio,
Sus ojos inquietos miraban a través de la reja,
Sus manos temblorosas, abrían continuamente,
El único espacio que los comunicaba,
A ella y sus ojos,
A él y su boca,
Sus perfectos zapatos,
Se cubrían de polvo por tanto jugar con la tierra.

Ella, tan nerviosa y paciente,
Hacía adornos con la mirada,
Marcaba siluetas con las manos,
Y aún sin conocerlo a él,
Dibujó su rostro en el viento,
Aún sin tocarlo a él,
Sus manos tenían su olor,
Y la marca de su boca rebelde.

Sólo ella estaba inquieta,
Sentada en esa banca de madera,
Cosette y sus alrededores,
Un poco impaciente por no sentir a su amado,
Pero diez segundos,
Diez eternos segundos,
Le bastaron para sustentar,
Un día, una tarde, y casi una noche.
En esos segundos,
Ella lo vio a él,
Sentado en una escalera,
Debajo de un elegante foco,
Con chaqueta, zapatos,
Un gorro oscuro y una flor en la mano,
Mirándola a ella desde la otra calle.

¡Oh Cosette! Ahora te ruborizas toda, todita.
Las largas horas del día,
Se hicieron rocío en ese momento,
La noche les duró diez segundos,
Tan larga fue,
Que ésa noche se convirtió en madrugada,
Un bello amanecer,
Y a la mitad de diez segundos,
El tiempo se les hizo nada.

Eran ellos dos,
La noche,
Y un farol en medio de la calle
Era lo único que les abastecía en esos segundos.
Todo el día,
Fue llamado,
Idilio en la calle Plumet


Tu allá y yo acá II

Inspirado en Les Miserables-Víctor Hugo





“Fue allí,
Detrás de las rejas que nos separaban,
Esa barrera que impedía tocarnos.
Fue allí,
Donde tu sentada en ése banco de madera,
Te mezclabas con el ambiente,
Con el aire,
Tú y ellos,
Uno sólo,
Y yo te respiraba.
Fue allí,
Donde tú,
Inmóvil y enamorada,
Mirabas al cielo,
En busca de mi señal,
Y yo,
Allá, nunca demasiado lejos,
Miraba debajo de tu hombro.
Fue allí,
Tú allá y yo acá,
Nunca demasiado cerca,
Tampoco demasiado distanciados,
Tu vestida de la luz de la luna,
Y yo vestido de la luz de un elegante foco.
Tú allá y yo acá,
Lucías impaciente y juguetona,
¿Por quién será?
Que ni te importaba bañar tus blancos pies,
Suaves como uvas,
En el polvo gris.
Fue en tu jardín,
Y yo en las frías escaleras,
Donde la brisa cruzó nuestras miradas,
Locas y enamoradas,
Impacientes y delgadas,
Traviesas e ilógicas.
Mirarnos,
Mirarnos eternamente,
Por ese momento,
Esos días,
Y esas noches,
Ésa,
Ésa era nuestra correspondencia.”
                                                                                                              Marius


Su temor y mi temor III

Inspirado en Les Miserables-Víctor Hugo




Él temió perderme a mí,
Por eso se cambió el nombre.
Yo temí perderte a ti,
Por eso me puse el nombre con el que tú,
Durante innumerables noches,
Me llamabas debajo de un farol
Sentado en una banca.

Él temió perderme a mí,
Por eso aún siendo ricos,
Nos mezclamos entre los pobres.
Yo temí perderte a ti,
Por eso me sumaba a la calle obrera,
Y escuchaba tus discursos rebeldes.

Él temió perderme a mí,
Por eso no dejaba ver su rostro,
De la noche vigilante.
Yo temí perderte a ti,
Por eso puse un farol al frente de mi casa,
Para apreciarte a ti.

Él temió perderme a mí,
Por eso construyó un jardín,
Que inconscientemente,
Era tuyo y mío.
Yo temí perderte a ti,
Por eso me permití,
Ir cada noche a ése jardín,
Esperar a que el viento cruzara nuestras miradas,
Y tú me dejaras una carta debajo de una piedra,
En compañía de una flor.

Él temió perderme a mí,
Por eso me quiso alejar de ti.
Yo temí perderte a ti,
Por eso me trasnoché días enteros,
Y me desperté noches completas,
Esperando una consecuencia positiva,
De tu heroica rebelión.

Él temió perderme a mí,
Por eso fue a buscar mi única cura,
Que eres tú.
Yo temí perderte a ti,
Por eso le dije a mi alma que te esperara una eternidad más.

Él temió perderme a mí,
Por eso arriesgó su vida y libertad,
Se hizo prófugo por unas horas,
Para traerte a mí.
Yo temí perderte a ti,
Por esos mis desvelos soleados,
Y malas noches murieron,
Cuando él te trajo a mis brazos.”
                                                                                                              Cosette

Recuerdos IV

Inspirado en los amores de Cosette y Marius (Les Miserables-Víctor Hugo)



“Hago memoria de ti, aquella tarde de verano.
Eras una caperuza azul, con la emoción en la boca.

Tus ojos estaban encendidos, por el bello amanecer que estaba en ellos.
¡Bello amanecer! ¡Mi amanecer, ésa eres tú!

Tu boca de  rojo dulce, no decía nada,
Mas yo lo sabía todo, todo lo escuchaba, todo de ti.

Mis manos se hicieron prisioneras de las tuyas, y tú, tímida, no te resististe.
¡Nos privamos de nuestra libertad, para ser esclavos el uno del otro!
Me apretabas fuertemente, y yo no me oponía.
Veía cómo tus ojos se perdían sin decir nada, en la aurora de los míos.

Cómo tu boca ingenua, besaba mis labios sin tocarlos,
¡Todo fue un espectáculo de sentimientos, un silencio de Amor!

Mis ojos viajaban lejos, estando en los tuyos,
No me quería despegar de tus manos, suaves como las rosas.

Sentí cómo tu alma, noble alma, se encendía en el furor,
De ésa tarde de verano, y el sol se escondía en ella,
Mientras caías detrás de los árboles.

¡Y mi alma! Sobria alma, flameaba detrás del mar,
Envuelta en sus deseos inconformes, rebelde en libertad,
Se adentraba en tus auroras y en tu alma noble.”
                                                                                                                                             Marius

Allí estás tú

 “Ahora te veo absorta,
Distraída y delirante.
El viento crujía,
Las olas del mar se conmovían,
El sol radiaba más que antes,
Y sus rayos, encendían mi papel,
Y yo algo aberrante,
Jugaba y tocaba las llamas,
Llamas que no quemaban mis manos,
Pero rebeldizaban mis palabras.

El mar espumoso,
Un tanto absorto,
Iba y venía desde los confines del mundo,
Y un tanto salvaje,
Pero nada atrevido,
Con una de sus olas pacientes,
Te envolvía el cuerpo,
De pies a cintura.
De repente,
Te enredabas en tus brazos,
A causa del escalofrío,
Mientras ésa misma ola,
Viajante y magnética,
Se robaba la creación viva,
Que la arena había dejado,
En el cuerpo de tu piel,
Y se va fecunda y retraída,
Buscando otras pieles que abrazar,
Dejando entre tus manos,
El rastro de sus átomos,
Y una caracola con olor a perla.

Ésa eres tú,
Muda y erguida
Mientras el sol se duerme,
Y cae en tus ojos.”
                                                                                              Marius.

“Ah innumerables montañas, delicadas colinas,
Cielo azul todo desnudo, aves sopranas que de ti huyen.

Polvo de arena que perfora tu piel, sobre las débiles rocas,
Que son turbadas por las rebeldes olas.

Sobre ti el cielo cae, y mi imagen en su furor se mezcla,
Tus pies por el agua son humedecidos, mientras tú,
Cuerpo de mujer, persistes en tu gracia.

Una espiral envuelve tus manos casi blancas,
Admirando la vastedad del infinito resonante.

Toda misteriosa, algo triste y decidida,
Tomas en tus manos una caracola,
Que lo profundo te había regalados, hace una semana.

Se la muestras al cielo, y éste, furiosamente la aborrece,
No le queda mas nada, mas nada le quedó a la hipotética caracola,
Que ser lanzada por tus manos, casi blancas, entre unas piedras del mar,
Y esperar a que éste en su llama mortal, se la lleve lejos del cielo y de ella.”
                                                                                                                                                                              Marius

Primavera



Es la tarde llena de luz,
Situada en el centro del alma de la primavera.

Los árboles eran sacudidos alegremente por el viento,
Mientras éste transportaba aromas y flores,
Que servían de única correspondencia entre los enamorados.

Inmutable alma de la primavera,
Que dilataba sobre nuestros ojos enamorados.

Miradas perdidas en sus manos,
Que el viento se quiere llevar sin devolver,
Él las atesora para sí.

Brisa de primavera que transporta las cartas,
Los poemas amorosos,
De parejas que no se abdican entre sí.

Brisa húmeda que los baña de su rocío,
Y en sus densos labios no se conmueven.

Pergamino de Notas



Y otros nueve más,
Son agregados a mi pergamino de notas.
¡Secretas notas!
Unas extrañas, silenciosas, enigmáticas,
Profundas, doradas, inherentes,
Alegres, tristes, dramáticas,
Húmedas, pegadas, lejanas,
Coléricas, flemáticas,
Esporádicas, llenas, rellenas…
En fin,
Así me hacen escribir,
El tiempo y el Amor,
El día y la noche,
La luna y el sol,
La playa y el desierto,
El lugar y el momento,
Casi todo es circunstancial.

¡Viento rebelde!
Que arrastras y no dejas avanzar a las aves del cielo;
Que aturdes la tranquilidad de las aguas,
Y haces que sus olas sin espuma,
Bañen los labios de una pareja enamorada;
Que siempre llevas y no dejas de traer,
El rocío salado,
Sobre unos cabellos dorados;
Y que desvías las flechas dilatadas de los pájaros.
¡Eres tu playa!
El escenario de mis últimos versos,
Eres la mesa sobre la cual yo escribo,
Eres la mesa donde leí unos poemas de Neruda,
Eres el viento que quiso arrebatar,
Las hojas de mi baúl de secretos.
Eres la pluma que me hizo escribir,
Frenética y amante,
Unos poemas de amor.
Eres el eterno porvenir,
Donde hago renacer,
Unos cuerpos de notas.