Estaba allí, esperando sentada, escuchando sorda. Mirando como caen juguetonas las hojas casi perfectas del otoño, como se apaga esa línea del sol al final de la mesa.
Describiendo ese libro, esas letras, anhelando ver detrás de ellas algo de mi. Pensando si tal vez esas líneas son de distancia, o se tiñen del presente.
Preguntando si detrás y delante hay un poco de mi, cuando en todo estas tú. Si detrás mí andas cauteloso y celoso, y yo ando despreocupada y muy atenta.
Buscando esa piedra en donde sentarnos, vamos despreocupados de todo y compartiendo nuestras fauces.
Te veo a ti, de lado, de frente.
Pensativo y singular, con un aspecto tan individual.
Solo tú, en frente del mar, dejas las horas ir, las aprecias como un reloj vacío.
Y ahora estamos los dos, tan parecidos.
Tal para cual, nos vemos un poco dormidos. Y ahora me quedan tus sueños, tus murmullos. Ahora tu te robas los míos, entonces yo me aferro a mi sueño, que eres tú, cuando lanzado y rápido vienes y te robas los míos.

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