Ella se encontraba sentada
En un mueble,
Su compañero de tarde.
Allí estaba ella,
Con la vista a través de una ventana,
Mirando la calle,
El asfalto, las luces, las aves,
Todo,
Contemplaba el infinito,
Cada cual con su aliento,
Individuales al respecto.
De repente,
Sus ojos se cruzaron,
Por tan sólo 10 minutos,
Que son dos eternidades,
Con la profundidad de un niño,
Un niño hermoso,
Y ella,
Capturada en su mirada,
El mundo perdió valor,
Por solo verlo a el,
Todo se disipó en el,
En ése instante,
Les bastó mirarse,
Para que ella,
Se diera cuenta,
Que ya se conocían,
Él ya la conocía,
Y ella Lo conocía.

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