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| Inspirado en Les Miserables-Víctor Hugo Idilio en la calle Plumet |
Los astros se redujeron en un solo ser,
El día se escondió detrás de una nube,
A sus pensamientos todo dilataba,
Las curiosas aves salían a su encuentro.
¡Era ella! ¡Era Cosette!
Sentada en la banca de su jardín,
Debajo de las hojas y ramas de unos árboles,
Que eran perforados por el brillo de la luna.
Estaba allí, sola,
Sentada en la noche,
Vestida de largo y acampanada,
Ella y el silencio,
Sus ojos inquietos miraban a través de la reja,
Sus manos temblorosas, abrían continuamente,
El único espacio que los comunicaba,
A ella y sus ojos,
A él y su boca,
Sus perfectos zapatos,
Se cubrían de polvo por tanto jugar con la tierra.
Ella, tan nerviosa y paciente,
Hacía adornos con la mirada,
Marcaba siluetas con las manos,
Y aún sin conocerlo a él,
Dibujó su rostro en el viento,
Aún sin tocarlo a él,
Sus manos tenían su olor,
Y la marca de su boca rebelde.
Sólo ella estaba inquieta,
Sentada en esa banca de madera,
Cosette y sus alrededores,
Un poco impaciente por no sentir a su amado,
Pero diez segundos,
Diez eternos segundos,
Le bastaron para sustentar,
Un día, una tarde, y casi una noche.
En esos segundos,
Ella lo vio a él,
Sentado en una escalera,
Debajo de un elegante foco,
Con chaqueta, zapatos,
Un gorro oscuro y una flor en la mano,
Mirándola a ella desde la otra calle.
¡Oh Cosette! Ahora te ruborizas toda, todita.
Las largas horas del día,
Se hicieron rocío en ese momento,
La noche les duró diez segundos,
Tan larga fue,
Que ésa noche se convirtió en madrugada,
Un bello amanecer,
Y a la mitad de diez segundos,
El tiempo se les hizo nada.
Eran ellos dos,
La noche,
Y un farol en medio de la calle
Era lo único que les abastecía en esos segundos.
Todo el día,
Fue llamado,
Idilio en la calle Plumet

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