jueves, 16 de junio de 2011


Ahora son los dos,
encontrados en un muro de la calle,
donde no hay más alivio que el de estar juntos,
donde no hay preocupación de perder las horas.
En ese pequeño lado de la calle,
el tiempo se viste de gala,
de lleno,
con infinitos números,
y ellos no se aturden por nada.
En un espectáculo de miradas,
el sentimiento no les cabía en el corazón,
y las palabras se salían sin decir nada.
Para él,
ella un día como forastera,
se le apreció caminando en sus sueños.
Una tarde,
delicada tarde,
él buscaba flores,
y en un atrevido momento,
te encontró a ti.
No les quedó mas nada que decirse,
les fue suficiente estar situados debajo del cielo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario