Tal vez la acuse la noche... Su testigo sea el cielo...Que no la juzgue el viento...
Cómo se llena de tristeza al ver su foto, la foto desgastada como el humo.
Lamentable foto! Produce en él tanta melancolía y esperanza.
Le recuerda a una rosa, blanca azul, bella y hermosa.
Cómo desearía él cuidarla, del tiempo y del olvido ya perdido.
Pero la confunde con otra rosa,
Inocente, roja, tímida y muy ajena de sus tratos.
¡Cuidado enamorado! no las confundas,
Cada cual tiene su propio brillo,
Y diferentes pesares.
¡No olvides!, si esperas a que una florezca,
Sólo espera a esa única y olvídate de la otra.
Tú, que esperas la primavera y retienes el otoño.
Tú, que te cuidas de sus espinas y la extrañas en invierno.
La extrañas sordo y sin contenido,
Buscando sus besos en fotos perdidas,
Miras su reflejo que es de humo,
Y sus manos como ceniza.
¡Compartido enamorado! ¡Enamorado y compartiendo!
Mejor quédate en el otoño.
Aún la primavera no es tuya, no te pertenece.
No te vueles el invierno, que apenas está llegando.
Disfruta de tu otoñera soledad, así lo has querido.
Y si cambias de opinión,
Y quieres a esa rosa en primavera,
Esperaré tu invierno,
Pero abrázalo sólo,
Júzgalo sólo,
Bébelo sólo,
Piénsalo sólo,
Sólo.
Que tal vez por tus buenos juicios y deseos,
Y por esfumar aquel otoño tan azul,
El tiempo y la naturaleza se compadezcan de ti.
Tal vez ellos decidan,
Y recapaciten tal vez,
Dejárte asomar en la primavera,
Bella y roja primavera.
¡Asómate! No te dé miedo,
¡Quién sabe! ¡Si nadie sabe!
De pronto en la primavera,
Podrías saber que la tímida rosa,
Bella y pequeña rosa, es para tí.
Pudo ser que te esperó,
No se dejó alcanzar del verano,
Y retuvo la primavera,
Para hallarte a ti, esperarte a ti,
Qué saliste del otoño,
Abrazaste el invierno,
Y supiste escapar de ellos.
¡Alégrate enamorado!
¡Alégrate rosa!
Cuídala por la Eternidad,
Que es toda tuya.
Cuídalos Eternidad,
Que son todos tuyos.

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