Hace cinco minutos,
lentos, lentos minutos,
la noche vestía de negro,
y la arena se convirtió en playa.
Le bastaron cinco minutos,
tan intrépidos minutos,
para que el sol,
al irse,
se llevara el cielo.
Y lo dejara esperando,
como un reloj vacío,
para que en una esquina del universo,
se le fuera el alma por los ojos.
lentos, lentos minutos,
la noche vestía de negro,
y la arena se convirtió en playa.
Le bastaron cinco minutos,
tan intrépidos minutos,
para que el sol,
al irse,
se llevara el cielo.
Y lo dejara esperando,
como un reloj vacío,
para que en una esquina del universo,
se le fuera el alma por los ojos.

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