Distraída y delirante.
El viento crujía,
Las olas del mar se conmovían,
El sol radiaba más que antes,
Y sus rayos, encendían mi papel,
Y yo algo aberrante,
Jugaba y tocaba las llamas,
Llamas que no quemaban mis manos,
Pero rebeldizaban mis palabras.
El mar espumoso,
Un tanto absorto,
Iba y venía desde los confines del mundo,
Y un tanto salvaje,
Pero nada atrevido,
Con una de sus olas pacientes,
Te envolvía el cuerpo,
De pies a cintura.
De repente,
Te enredabas en tus brazos,
A causa del escalofrío,
Mientras ésa misma ola,
Viajante y magnética,
Se robaba la creación viva,
Que la arena había dejado,
En el cuerpo de tu piel,
Y se va fecunda y retraída,
Buscando otras pieles que abrazar,
Dejando entre tus manos,
El rastro de sus átomos,
Y una caracola con olor a perla.
Ésa eres tú,
Muda y erguida
Mientras el sol se duerme,
Y cae en tus ojos.”
Marius.

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