miércoles, 15 de junio de 2011

Mis manos y yo

Por Ti, mis manos se vuelven un laberinto, un manojo de tiempos enredados, ya casi se tornan esporádicos. ¿Qué hacen estas manos conmigo? Casi me las hace mirar como enemigas, no le conviene que sean mías. ¿Qué hacen estas manos conmigo? Pues ellas quieren hacerlo todo, pero menos una cosa: rayar un papel sin sentir. Lo rayan y rayan, le buscan el alma, veo que ya le tocaron la médula, lo desnudaron por completo, lo dejaron sin cubierta. ¿Qué hicieron estas manos con ese papel? Sobre una sábana, suave y de algodón, descargaron como lluvia que quema, unos versos, donde 4 meses y ocho días fueron resumidos.

Vanos meses y el casi mes, menos mal ya les dejamos. Pero ustedes manos, casi sufren igual que yo, se creyeron 1 mes y una semana, de amores en secreto, de primaveras pacientes, de dunas con flores en un pozo, de lo que parece un abrazo, de lo más hermoso del mundo, y lo hermoso de los kilómetros. ¿Qué hicimos manos, en ése tiempo? ¡Desgraciado tiempo, vacía gente! En ese cuadro, perdí de vista a mi primer amor.

Pero en una mañana, tal vez un poco triste, sentada sobre una capa verde, sin más nada qué hacer, sin atreverme a pensar, sin atreverme a hablar, perdiendo poco a poco, decidí junto con ellas, no tener en cuenta, ¡desgraciadas cuentas! Que ya estaba suelta de Ti, a unos metros mas que sea, pero ya no era lo mismo. Y con mi pensamiento, vanas mentes, ciegos talentos, y vacías mesas, nos aferramos a un árbol, sin darnos cuenta, te habíamos dado la espalda, ¡desgraciadas cuentas! ¡Desgraciado árbol! Mostraste tus hojas verdes, las miré, y dos manos, una pantalla, y un sentimiento, fueron testigo y consecuencia. ¡La indiferencia se hizo dueña y fue una realidad! Me fui acomodando a su sombra, a su brisa, a sus frutos, fue llenando con vacías palabras, la vacía soledad.

Lentamente, nos fuimos acostumbrando, a ya no dependerTe. ¿Qué hicimos manos, si no estábamos con Él? Todo se volvió un compromiso, algo social, dejó de ser personal. Lentamente, ya no tenía en cuenta, el no mirarte. Mi momento  antes de dormir y después de despertar, se volvió silencio y soledad. ¿Cómo pensar que la vida se puede vaciar en 4 minutos y ocho segundos? Ésas tres noches, después de ésas tres horas, el silencio se hizo color vergüenza, el saludo se iba de espaldas, las palabras besaban el piso, la sonrisa se volvió forzosa, la mirada se hizo forastera inmerecida, todo se volvió nada. Incluso al alma, le dio pena alzar la mirada, levantarse toda, prefirió quedarse sentada, en un pequeño rincón, de un árbol verde.

Necesitaba una respuesta, una esperanza, misericordia, a su regreso, lo necesitaba en este mundo, este mundo que pierde. Y como siempre, para nosotras y todos, encontramos la respuesta, ésa es la respuesta,  alegre y amorosa, ¡ahora si! ¡Ahora si se puede volver! ¡Ahora si se esta volviendo al primer amor!

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