domingo, 19 de junio de 2011


“Ah innumerables montañas, delicadas colinas,
Cielo azul todo desnudo, aves sopranas que de ti huyen.

Polvo de arena que perfora tu piel, sobre las débiles rocas,
Que son turbadas por las rebeldes olas.

Sobre ti el cielo cae, y mi imagen en su furor se mezcla,
Tus pies por el agua son humedecidos, mientras tú,
Cuerpo de mujer, persistes en tu gracia.

Una espiral envuelve tus manos casi blancas,
Admirando la vastedad del infinito resonante.

Toda misteriosa, algo triste y decidida,
Tomas en tus manos una caracola,
Que lo profundo te había regalados, hace una semana.

Se la muestras al cielo, y éste, furiosamente la aborrece,
No le queda mas nada, mas nada le quedó a la hipotética caracola,
Que ser lanzada por tus manos, casi blancas, entre unas piedras del mar,
Y esperar a que éste en su llama mortal, se la lleve lejos del cielo y de ella.”
                                                                                                                                                                              Marius

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